domingo, 6 de noviembre de 2016





¿Un diván para Donald Trump?


Rosario Herrera Guido
Catedrática de la Universidad de Michoacán, México
Doctora en Psicoanálisis
Doctora en Filosofía
Autora de numerosos libros y artículos sobre literatura y psicoanálisis


Para avanzar en la comprensión del fascismo nazi, nada como profundizar en el conocimiento de la paranoia.
Jacques Lacan

His level of agotism is rarely exhibited outside of a clinical environment.
[Su nivel de egotismo rara vez es exhibido fuera de un contexto clínico].
David Remnick, “An American tragedy”, The New Yorker, 9/11/2016.


El cúmulo de mensajes vertidos tanto en las exaltadas arengas como en los debates del candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, ¡ahora Presidente Electo! … desde el principio de su campaña daban cuenta del carácter paranoico de su discurso: 1) el Paladín de los olvidados a los que sólo él podía redimir … (delirio de grandeza); 2) el Empresario constructor exitoso que siempre había logrado lo que quería (¿de qué manera? y ¿con seis quiebras?); 3) el Narcisista, en el centro del Universo, que apenas alcanza a reconocer lo que es idéntico a sí mismo, cuya excesiva egolatría se expresa en el odio a los demás, los otros, los pequeños, los despreciables, los “de color”, los indígenas, ¡sin faltar los homosexuales y las mujeres! (pruebas finas para diagnosticar la paranoia); 4) el Erotómano, rodeado de mujeres … metiendo mano en los concursos de belleza mundiales y universales (el delirio de afirmar una extrema virilidad …otra prueba más); 5) el Ególatra, que como expulsa la Ley, la trasgrede sin límite ni vergüenza, por eso violó sistemáticamente las reglas electorales, sospechosamente, sin ser jamás descalificado o inhabilitado como candidato republicano, al punto de que en uno de los debates interrumpe como siempre a su contrincante, Hillary Clinton, para decirle “What a dasty woman” (que en buen mexicano quiere decir “Qué pinche vieja”): una imperdonable conducta para un candidato a la presidencia del País Perfecto, Ejemplo para el Mundo de Democracia, sin ser descalificado … además de no dar a conocer su estado financiero, para protegerlo de cualquier investigación sobre la procedencia de sus riquezas que podrían descalificarlo y 6) la Crueldad con la que se ha referido a los migrantes indocumentados, que muestra al mundo su falta de hospitalidad, la imposibilidad de hospedar a los necesitados, la hospitalidad que es ética y sin ella no hay ética. Pero Trump siempre se percibió protegido para poder consumar la más negra pesadilla consciente o inconsciente de los norteamericanos: ¿un demente en la Casa Blanca, en cuyo sótano están los botones para desatar la Guerra Nuclear? ¡La realidad superando a la ficción! Como dijo aquí en Morelia Jesusa Rodríguez: “Los nortamericanos a lo que más le tienen miedo es a que se conviertan en realidad sus pinches pesadillas”.
El discurso paranoico responde a la estructura subjetiva de la paranoia, que descansa en el enunciado de atribución que puede reconocerse en una neurosis: “yo lo amo”, y “tú me amas”. Pero Freud descubre que existen cuatro modos de negar esto: 1) no es él a quien amo, es a ella: erotomanía. Una defensa que como no es suficiente, requiere del mecanismo de la proyección, por eso la segunda posibilidad: yo no lo amo, lo odio. Pero como tampoco basta esta inversión, es necesario que intervenga el mecanismo de proyección: él me odia: delirio de persecución (Jacques Lacan, Las psicosis, Barcelona, Paidós, 1984, p. 52). Una tercera posibilidad es “yo no lo amo, “él la ama”: delirio de celos. Pero en el delirio de celos paranoico el sujeto se identifica, por una alienación invertida, con la propia esposa, portadora del mensaje para un número indefinido de hombres. No se trata de una proyección neurótica, como dice Freud, que culpa de los propios pecadillos al otro. El delirio paranoico apunta a “todo el mundo”. Por ello hay una cuarta posibilidad expresada en la desautorización de la frase: “Yo, un hombre, no amo a otro hombre, en absoluto, yo no amo a nadie […] yo me amo sólo a mí mismo”: delirio de grandeza” (Sigmund Freud, “Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (Schreber)”, Amorrortu, 1979, t. XII, p. 60). Como dijo Jacques Lacan: “El homosexual triunfa donde el paranoico fracasa”.
Un discurso paranoico que es posible reconocer en el programa del fascismo hitleriano y que no por casualidad desde el principio de la campaña hasta “su triunfo”, salieron jóvenes con suásticas tras su líder y su promesa: la Gran Nación (la oferta mesiánica de volver al Paraíso); 2) el culto a la Personalidad del Gran Clown de TV; 3) el Paladín de los olvidados que puede hacer felices a todos “los blancos” que lo sigan; 4) la defensa de un nacionalismo con componentes victimistas y revanchistas que impulsa el odio a quienes los despojaron y conduce a la violencia (contra mexicanos, latinoamericanos y migrantes en general, contra el Otro, el diferente, el peligroso, bicho destinado al exterminio según la jerga nazi y 5) la invención de los enemigos que impiden el éxito y la felicidad, a los que hay que combatir para reunir a todos los temerosos y engañados en torno a su Narcisista Personalidad, para alcanzar la Unidad del Verdadero Pueblo Americano, la creación de las masas adoctrinadas por una ideología propagandística, la vinculación a la plutocracia (el gobierno de los ricos), el programa de la extrema derecha (explotación, discriminación, homofobia, xenofobia y misoginia, con claros tintes de Imperialismo de Estado).
Tan peligroso que, después de sus últimas actuaciones cambiantes, ahora de lobo ahora de cordero, con tintes esquizoides, como recién me dicen amistades norteamericanas, acaba de declarar que el 20 de enero llega a la Oficina Oval y al siguiente día ordena la extinción del Obama Care Insurance (con lo que pone en peligro la salud y la vida de 8 millones de personas), además de que dará un plazo de 15 días para que el departamento de Migración empiece a hacer redadas de migrantes sin papeles … justo porque no era una arenga de campaña para ganar sino un programa a realizar, en compañía de su pandilla, a la que también desde hace tiempo se les escucha un discurso paranoico-fascista: Rudolph Giuliani, Mike Pence, Chris Christie y Paul Ryan (sin olvidar a Steve Bannon, el jefe de la campaña propagandística). Como me dice una amiga novelista de California: “All of american people never Thougth that the monster of his dreams could be his Lord” [Todos los americanos nunca pensaron que el monstruo de sus pesadillas podía ser su Amo]. Y otra amiga norteamericana que ha trabajado toda su vida con las migrantes más necesitadas: “Es horrible que los millonarios determinen el triunfo de Trump”.
Tal vez por ello circula en inglés una parodia de la que sólo puedo compartir por ahora una parte: “Primer Día de Trump en la Oficina Oval … Trump: “Debemos destruir a Isis de inmediato”. Pentágono, CIA y FBI: “No podemos hacer eso porque nosotros lo creamos junto con Turquía, Arabia, Qatar y otros, … creamos esos regímenes porque queríamos su petróleo. No podemos permitir la democracia ahí porque la gente va a poder poseer su petróleo”.
Tras el cuestionable, por el mundo entero, “Triunfo” de Donald Trump, que por institucionalidad y disciplina de la clase política norteamericana, Hillary Clinton se vio más que obligada a actuar republicanamente y felicitar a Donald Trump, cuando a éste lo único que le faltó en los debates fue hacerle “Trumpetillas”.
¿Un diván para Donald Trump? ¡Imposible! Sólo se puede estar frente al discurso de la paranoia que se despliega en el programa del fascismo.








PRESENTACIÓN DE NUESTRA BIOGRAFÍA Nº 33





20:00 H - SERÁ EN LA LIBRERÍA

C/UNIÓN, 4 - MADRID





Alice Guy (1873, Saint- Mandé-1968, Nueva Jersey) fue pionera en la dirección y producción cinematográfica desde los primeros albores de la industria del cine. Con su película El hada de los repollos (Le fèe aux Choux), rodada en 1896 se convierte en la fundadora del cine narrativo, frente al cine de mostración de los hermanos Lumiére. Desde 1894 trabajó con el productor Leon Gaumont y a la largo  de su trayectoria profesional en Francia y en Estados Unidos rodó más de 1.000 películas y creó varias productoras. Supo rodearse de artistas, políticos y escritores, fue partidaria del voto femenino, y su obra, siempre atenta a la vida cotidiana, captó con ironía los principales conflictos de su época. Injustamente olvidada, su labor apenas comienza a ser reconocida.


DE ALEJANDRA VAL CUBERO


Alejandra Val Cubero es doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, y profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, donde pertenece al grupo de investigación de cine y televisión TECMERIN. En la actualidad investiga e imparte docencia en Zayed University, en los Emiratos Árabes Unidos. La escritora, especialista en cines de Asia, África y Medio Oriente, ha realizado estancias postdoctorales en Harvard (EEUU) y Jawaharlal Nehru University (India), y ha colaborado en la consultora Altai Research sobre temas de género y comunicación en Afganistán. En esta misma editorial ha publicado la biografía de la directora india Aparna Sen (2015).








PRÓXIMA TERTULIA LITERARIA



COMENTAREMOS EL LIBRO


En reencuentro de personajes, Elena Garro convoca a sus espectros literarios -ciertos protagonistas de las obras de Scott Fitzgerald y Evelyn Waugh- con el misterioso designio de retornarlos a la vida dentro del espacio real de la novela. Así, mediante una operación que tiene mucho de acto mágico, desarrolla una inquietante experiencia de literatura en la literatura, sin precedentes en nuestro ámbito.

Pero lejos de ilustrar la estrecha tesis de que la literatura sólo puede referirse a la literatura y no a la realidad, lo que Elena Garro se ha propuesto revelar con su acto de recreación es la forma en que lo real se confunde con lo literario, el prodigio que hace posible la inserción de un mundo novelesco dentro de la propia realidad. Relatada a un ritmo vertiginoso y dentro de una eficaz estructura emparentada de alguna manera con el thriller, esta novela ha marcado desde su aparición un parteaguas definitivo en el desarrollo de ta narrativa mexicana contemporánea.




Elena Garro fue una escritora, poeta, periodista y dramaturga mexicana. Ella rechazó la identificación con el "realismo mágico", que algunos autores le adjudican, por considerarla una etiqueta mercantilista. 













Elogio de la duda
Autora: Victoria Camps
Editorial: Arpa. Barcelona
Año: 2016
Páginas: 173
Precio: 16,90€

El libro se abre con varias citas entre las que quiero destacar la de Victor Klemperer: “Quien piensa, no quiere ser persuadido, sino convencido; y quien piensa sistemáticamente, es doblemente difícil de convencer”.

Camps analiza en este ensayo las vicisitudes de la duda a lo largo de la historia del pensamiento (de Sócrates a Wittgenstein pasando por Aristóteles Platón, Descartes, Spinoza,  Montaigne, Nietzsche, Russell, Camus, Rawls…). La duda no implica ignorancia sino, por el contrario, capacidad de pensar. Dudar nunca ha sido fácil pues la duda exige un notable esfuerzo no sólo de  pensamiento sino de capacidad para escuchar al otro desde una postura flexible. Dudar nos aleja de los círculos seguros y cerrados de la certeza y de la creencia. Los terroristas religiosos o políticos no dudan; otros mensajes cotidianos pero igualmente fanatizados, tampoco. Nos gustan los pensamientos petrificados, las costumbres de la tribu, las formas de pensar comunes, los prejuicios, los tópicos que nos cobijan y nos dan seguridades sin necesidad de pensar que la auténtica vida del ser humano es la imperfección, el cambio y la inseguridad. Aceptar que los seres humanos nos movemos en la paleta de los grises es duro para nuestro narcisismo.

 Pero cuando Camps nos habla de la duda, no nos habla de la duda del asno de Buridan que murió de hambre incapaz de decidir de cuál de de los montones de heno debía comer, nos habla de la duda como motor del pensamiento, de la madurez mental y de convivencia civilizada. Nos habla de un interrogante capaz de agitar opiniones y explicaciones de lo            que nos ocurre y de lo que nos rodea. Un terrorista no duda, está convencido de su misión, tiene unos objetivos que cumplir y actúa para lograrlos. No admite el diálogo, sólo su superioridad moral. Como señala El Roto en una de sus geniales viñetas: “Las incertidumbres dan mucho miedo y las certidumbres mucho más”.

Tampoco nos habla la autora de la duda derivada de la falta de seguridad en sí mismo. Sino de una duda nacida de la debilidad intrínseca del ser humano y de su necesidad de respuestas a las grandes preguntas: ¿quién soy?, ¿qué es el bien y el mal?, ¿qué significado tiene la vida? Nos habla de esa duda que nos aleja del narcisismo y de la autoafirmación para llevarnos al diálogo con el otro. Dudar, nos dice Camps, no significa dejar de actuar ni permanecer indecisos, es dar un paso atrás, distanciarse de uno mismo y reflexionar de manera prudente sobre nosotros, los demás y lo que nos rodea. Es intentar obtener la respuesta más justa para cada caso, aún a sabiendas que pocas veces lo lograremos. La duda no implica parálisis de la acción, precisamente porque es un medio, no es un fin. Pero tampoco implica la búsqueda de la perfección, el ser humano es imperfecto por naturaleza. Y la virtud radical, nos recuerda Camps, es inhumana. La duda implica capacidad de pensamiento para llevarnos a distinguir lo que está bien de lo que está mal y, sobre todo, nos aconseja en su libro, una actitud prudente y humilde para transitar por las zonas intermedias y no por los extremos. Pero hay que dudar de todo, insiste Camps, hay unos valores universales que nos hemos dado como la justicia, la dignidad del ser humano, la libertad que se deben ser anclajes éticos de los que partir  sino queremos caer en el relativismo.

Anna Arendt llegó a la conclusión que el pensamiento es lo que nos hace humanos. Los nazis, según su opinión, se habían convertido en asesinos porque habían renunciado a su condición humana de pensar. Se limitaron a obedecer las normativas impuestas por el poder. No dudaron de si lo mandado era ético o una aberración moral para conseguir el poder absoluto.

Dudar y pensar no da la felicidad, pero no dudar tampoco. Yo diría, tras leer este libro, que dudar nos inquieta, pero es, aunque doloroso, enriquecedor. Mientras  que no dudar es además de aburrido,  alienante. En estas fechas de debates políticos, enfrentamiento entre partidos y narcisismos inflados quiero hacer mío el pensamiento de Camus cuando decía: “Si existiera un partido que no estuviese seguro de tener la razón, ese sería el mío”.
Isabel Bandrés




VICTORIA CAMPS es catedrática emérita de Filosofía moral y política de la Universidad Autónoma de Barcelona. Fue senadora por el PSC-PSOE durante los años 1993-1996 y consejera del Consell Audovisual de Catalunya entre 2002 y 2008. Actualmente es presidenta de la Fundació Víctor Grifols i Lucas y miembro del Comité de Bioética de Cataluña. Ha sido Presidenta del Comité de Bioética de España.

Entre sus libros destacan La imaginación ética, Virtudes públicas (Premio Espasa de Ensayo), Paradojas del individualismo, El siglo de las mujeres, La voluntad de vivir, Creer en la educación, El declive de la ciudadanía, El gobierno de las emociones (Premio Nacional de Ensayo). En 2008 fue galardonada con el Premio Internacional Menéndez Pelayo. En 2014 ha sido investida doctora honoris causa por la Universidad de Huelva. Su último libro es Breve Historia de la Ética.







La película se inicia con una violación. Así, sin más preámbulos. Escuchamos los sonidos de una violación, pero no la vemos porque lo que nos muestra la cámara es el rostro de un gato que inmutable contempla la escena. Diríase que el director, Paul Verhoen, pretende decirnos, dado que el gato tiene mejor vista que nosotros, que no nos fiemos: una cosa son las apariencias y otra la realidad. La protagonista, tras ser violada, no llama a la policía ni a los vecinos ni a la familia ni a los amigos. Sencillamente, ordena la habitación y se da un baño. Esos brillantes primeros cinco minutos nos harán dudar de si lo que hemos visto es algo real o una fantasía de la protagonista ¿Y por qué no una fantasía hecha realidad?

Parece ser una realidad porque en las escenas siguientes, la protagonista, Michelle (Isabelle Huppert), continúa siendo violada una y otra vez en su casa por un enmascarado. Descubrir la identidad de su violador se convierte pronto para ella en una obsesión. Es una ejecutiva fría y pragmática que dirige una exitosa empresa de videojuegos. No es casual que su empresa apueste por los más crueles y sádicos video juegos. Frente a la pantalla nada importa: el otro es un dibujo, y además mandamos nosotros. Las fantasías más oscuras y las pulsiones  más escondidas se pueden  liberar.

Michelle es el producto de una familia de monstruos, su madre es una narcisista y su padre un asesino de niños. Arrastra como puede su pasado y su forma de afrontarlo es el cinismo y la perversión. Ostenta el poder en cada una de sus relaciones personales y laborales: amigos, familia y empleados son unos títeres manipulables en sus manos. Los trata con una ironía vitriólica y una mala baba carente de cualquier sentimiento de simpatía o afecto. Verhoen utiliza un humor negrísimo. La celebración de la Navidad no tiene desperdicio para lograr darnos una visión mordaz del ser humano. Detrás de una máscara hay otra y otra y otra. Y él, en esta película, levanta algunas, pero siempre deja algo sin decir, sin nombrar.

La película nos muestra la sordidez del bien y la cotidianidad del mal cuando la vecina le dice a Michelle “Gracias por satisfacer sus deseos durante algún tiempo”, frase que no explico para no destripar la película. Digamos que el director explora, de una manera original y con una narrativa brillante, los deseos más oscuros del ser humano. Nos presenta el deseo, sus vericuetos y sus caprichos como móvil último de toda acción. Mantiene una mirada corrosiva sobre el ser humano y no deja títere con cabeza. Está narración tiene múltiples lecturas y sentimos que nos hemos perdido algo. Sin embargo, se sigue con gran interés pues el director consigue con sus vueltas y revueltas sorprendernos. Siempre va unos cuantos pasos por delante de nosotros.

Hay que destacar, la actuación de Isabelle Huppert en un personaje mórbido, frío, oscuro, perverso, tortuoso y despreocupado. Lo borda. Es una  narración brillante de la perversión que aúna sutileza, retorcimiento y brutalidad, y que nos deja hipnotizados pegados a la pantalla. Y todo eso contado asépticamente, sin hacer juicio de valor alguno.

Quien quiera ver películas luminosas, amables y con buen rollito harán bien en abstenerse.



Isabel Bandrés












Natalie, una profesora de filosofía en un Instituto francés, (magníficamente interpretad por Isabelle Hupert) tiene una vida aparentemente confortable. Vive en una casa repleta de libros con su marido Heinz, también profesor de filosofía y cuida de su madre que parece sufrir algún tipo de alteración mental, pero que aún puede vivir de forma independiente. Además, trabaja en una editorial escribiendo una serie de libros sobre filosofía. Un mundo que si bien no es idílico (su marido es distante y su madre cada día es más dependiente), parece firme y seguro; pero pronto esa cotidianidad se resquebraja. Su madre muere, su marido la deja por otra mujer más joven, la editorial le anuncia que en un mundo visual sus textos no tienen sentido y sus hijos, ya adultos, se dejan ver de tarde en tarde. Natalie se queda sola y su mundo se derrumba.

En un momento de la película, la protagonista dice entre el sarcasmo y la sorpresa: “He encontrado la libertad, la libertad total. Es extraordinario”. El problema es qué hacer con esa libertad. Vemos cómo la protagonista piensa, se mueve, va de un lugar a otro buscando un significado y un lugar en el mundo. Hasta ahora ha cumplido los deseos de su madre, de su marido, de sus hijos y ha sido un modelo a seguir para algunos de sus alumnos. ¿Y sus deseos? ¿Dónde están sus deseos? Se refugia en Vercors, en los Alpes franceses, invitada por un ex alumno filósofo y anarquista que la admira, para intentar reorganizar su vida. Allí la descubrimos leyendo La muerte de Vladimir Jankélévitch y llorando abrazada a la gata negra y obesa que fue de su madre. La vida de un grupo de filósofos apartados del mundo y con sueños mesiánicos de cambiar la sociedad no le seduce: “Yo no quiero ser revolucionaria” le dice a su ex alumno favorito rompiendo con esas palabras la imagen idealizada que se había forjado de ella su alumno más brillante.

El personaje principal de la película, sin artificios ni subrayados innecesarios, es la pérdida y las dificultades de afrontarla: la protagonista pierde a su madre, a su marido, a sus hijos, su editorial y la imagen que de ella se han forjado los otros. Tras una apariencia modesta, la película  reflexiona sobre la inestabilidad de la vida humana, los abandonos que inexorablemente sufrimos a lo largo de nuestra vida, la continua transformación que existe fuera pero también dentro de nosotros.

Natalie busca sin cesar una salida en el tiempo, que es el medio de la vida humana y, al final, la encuentra. Tras dejar a la gata en la comuna de su ex alumno, como metáfora de que ha superado todos sus duelos, se centra en el amor a la vida, abrazando a su nieto recién nacido, y en el deseo de que  “mis  alumnos piensen con su cabeza”.

Nuestra estoica profesora ha apostado finalmente por lo pequeño y cotidiano, por la vida misma. Lo que hace grande a esta película es su falta de demagogia, su naturalidad, su sensibilidad carente de sensiblería, y la falta de intelectualismo pedante. Aquí la filosofía es utilizada como un arma que intenta ayudar a entender la vida y por lo tanto a vivir el día a día. La película comienza cuando el matrimonio hace un viaje con sus hijos pequeños y termina con la protagonista abrazando a su nieto: el eterno retorno de la vida. De nuevo todo vuelve a comenzar.

Una película recomendable. Abstenerse los amantes de grandes dramas y de emociones fuertes. Todo lo que sucede, y es mucho, es de piel para dentro.

Isabel Bandrés









MUJERES&COMPAÑÍA, LA LIBRERÍA


DESPUÉS DE 4 AÑOS DE CRECER EN COMUNIDAD,
MUJERES&COMPAÑÍA, LA LIBRERÍA 
QUIERE ABRIRSE AL MUNDO VIRTUAL

POR ESO NECESITAN NUESTRO APOYO, 

PARA UNA "VERSIÓN 3.0" DE LA LIBRERÍA


SI QUIERES SABER MÁS SOBRE ESTE PROYECTO:
PÁSATE POR SU "CROWDFUNDING" Y COLABORA SI PUEDES Y/O DIFUNDE EN TUS REDES!




Y NO DEJÉS DE VER ESTE VÍDEO!!















UN POCO DE FÍSICA...





NEBULOSA DEL CANGREJO - OBSERVATORIO CHANDRA - N.A.S.A.


EL MEJOR DOCUMENTAL SOBRE EL UNIVERSO - 2016




 DOCUMENTAL UNIVERSO 2016






¿ QUÉ ES UN AGUJERO NEGRO?



Podríamos definir un agujero negro como una especie de aspirador gigante situado en un punto del espacio que tiene tanta fuerza gravitatoria que engulle todo lo que se encuentra a su alrededor. Su potencia es tan grande que puede incluso aspirar la luz.
Como su nombre indica, los agujeros negros son negros y no pueden ser vistos en el espacio. Son invisibles pero los científicos han desarrollado varias técnicas para detectar su presencia:
- Una estrella es siembre el centro de un sistema solar y todos los planetas giran alrededor de ese astro. Como el Sol es el centro de nuestro sistema solar. Cuando una estrella muere y se convierte en un agujero negro, los planetas que gravitan a su alrededor siguen girando. Si se observan planetas girando alrededor de “la nada” se deduce que ahí se encuentra un agujero negro.
- Un agujero negro atrae todo a su paso. El polvo cósmico que atrae gira a tal velocidad que los algunos telescopios pueden detectar sus rayos luminosos.
- Un agujero negro atrae y desvía la luz. Si pasa entre la Tierra y una estrella viva, la luz de esa estrella será desviada y tendremos la impresión que ese astro brilla aún más que de costumbre.
- A través de distintos cálculos los astrónomos pueden calcular la masa de una parte del espacio. Si detectan una zona totalmente negra y con una masa superior a la de otro lugar, concluyen que hay un agujero negro.


¿ POR QUÉ EL CIELO ES AZUL?




El color del cielo se debe a tres factores: a la composición de la luz, a la atmósfera y a nuestra fisiología.

La teoría del color, desarrollada inicialmente por Newton, explica que la luz blanca está formada por la suma de todos los colores del arcoiris. Y que cuando vemos un objeto de un color es porque refleja cierta longitud de onda y absorbe el resto, o lo que es lo mismo, refleja ese color mientras absorbe los demás.

En un extremo del espectro visible se encuentra el rojo, cuya longitud de onda es la más larga y, por ello, su frecuencia la más baja (por eso se les llama infrarrojos a las longitudes de onda más largas) y en el otro extremo el violeta, cuya longitud de onda es la mas corta y, por ello, su frecuencia la más alta (por eso se les llama ultravioleta a las longitudes de onda más cortas).

La luz del sol tiene que atravesar la atmósfera para llegar a nosotros, y aunque el aire puro es incoloro, pues todas las longitudes de onda lo atraviesan, las minúsculas partículas de polvo y de agua en suspensión, más pequeñas que las longitudes de ondas de la luz visible, no tienen tamaño suficiente para repeler la onda y solamente la desvian ligeramente de su camino original. Una y otra y otra vez. Es lo que se conoce como dispersión.

Ocurre que las longitudes de onda del extremo azul del espectro, al ser más cortas, son dispersadas en mayor medida que las del resto de colores, lo que confiere objetivamente un color azul-violeta a nuestro cielo.

Pero resulta que nuestros ojos captan el color a su manera, o mejor dicho, nuestro cerebro interpreta la frecuencia de las ondas según la información recibida a través de los ojos y de su particular fisiología.

Nuestros ojos poseen unos conos sensibles a solo tres colores: rojo, verde y azul. El resto de colores excita varios tipos de conos a la vez, o lo que es lo mismo, podemos obtener el resto de colores a partir de la combinación de esos tres. Y como nuestra vista es más sensible al color azul que al violeta, es éste el color que observamos al contemplar el cielo.








No hay comentarios:

Publicar un comentario